La verdad no encontraba mucha relación o, mejor dicho, no había analizado la cantidad de conocidos de mi familia que han sufrido infartos en la época pre-navideña que estamos viviendo. Hace tres semanas murió un amigo cercano; la semana pasada el marido de una amiga de mi esposa; ayer un vecino.
Recordé mis tiempos de estudiante de medicina donde compartíamos una frase que dice: Enero y febrero, desviejadero, expresando con esto que durante esos meses la muerte se acerca a las personas de “cierta edad”.
Según la Asociación Psicológica Estadounidense el 80% de la gente siente y espera tener una temporada navideña estresante y en la revista Selecciones encontré que, según una encuesta realizada por el Reino Unido, el 50% de los hombres británicos considera que las compras navideñas son más estresantes que ¡ser despedidos de un empleo!
Está igualmente comprobado que la mortandad en China aumenta considerablemente después de que pasan las celebraciones del año nuevo chino, ya que muchas personas de edad avanzada o con enfermedades terminales esperan vivir con júbilo esa fiesta y posteriormente se pierde la ilusión al no esperar algo a corto plazo y mueren. La verdad no sé si es por la ilusión de vivir esa época o por el estrés y excesos que se vivieron días antes.
Se supone que esta época es la ideal para tener buenos deseos, buscar reconciliaciones, identificar áreas de oportunidad y agradecer. Sin embargo tú y yo sabemos que no siempre es así. El estrés aumenta considerablemente en la temporada navideña.
He aquí algunas razones:
- Situación financiera. Aun y que el aguinaldo es esperado con mucha ilusión, frecuentemente ya está comprometido para pagos y puede causar mucha frustración al no utilizarlo en lo que desearíamos, como lo son los regalos para la gente que queremos.
Además de esto, el bombardeo en los medios de comunicación sobre la gran cantidad de cosas que podríamos comprar y las mil y una formas de expresar el afecto materialmente, comprando ahora, firmando y pagando hasta marzo del año entrante. Lo que difícilmente recordamos en esos momentos es que marzo llega irremediablemente, con sus respectivos gastos. Y ni para qué hablar del Buen fin, que nos convenció una y otra vez que vale la pena comprar por la gran cantidad de ofertas que hay.
Se quedarán grabadas en mi mente las escenas que vi por televisión de gente arrebatándose pantallas y equipos de sonido. Olvidamos la conducta de imitación que tenemos los seres humanos de ver y copiar lo que la muchedumbre hace. Si ves a una gran cantidad de gente haciendo lo mismo, te preguntas por qué lo hace y aunque la razón no te sea muy convincente, el constatar que muchos más lo están haciendo, nos hace dudar si verdaderamente deberíamos de hacer lo mismo. Así sucede con las compras de pánico o las grandes ofertas.
- Relaciones familiares. Quienes nos dedicamos a esta maravillosa actividad de la autoayuda o procesos de mejora continua, expresamos una y otra vez que la Navidad es la época propicia para la reconciliación. La gran cantidad de conflictos familiares que existen en la mayoría de las familias, pueden detonar mucho estrés entre quienes durante el año tuvieron roces, conflictos o diferencias. Los padres y hermanos promueven igualmente la reconciliación por el gran significado de la época que vivimos; sin embargo, para los involucrados puede ser causa de gran estrés, como también lo causan los conflictos que se suscitan en reuniones familiares por diferencias que podrían considerarse insignificantes, pero que lo hacemos trascendente por la gran carga emotiva que traemos en esta época.
- Excesos. Navidad, época de encuentros con quienes más convivimos y con quienes rara vez vemos y obviamente con todos queremos cumplir a costa del acelere que representa. Pre-posadas, posadas, pachangas, reventones y demás donde los excesos en comida y bebida están al por mayor. Por supuesto que todo esto cobra su respectiva factura a través de comilonas y poco freno en las bebidas. Esto último, como es bien conocido, desinhibe hasta a los más santos y sumisos y los puede hacer actuar como jamás imaginaron, lo cual también puede ser causa de vergüenza posterior o culpabilidad. En esta época es cuando más circulan fotos y videos en redes sociales de borrachas y borrachos haciendo tremendos desfiguros. Los protagonistas desearían fervientemente regresar el tiempo para evitar tremendo bochorno del cual generalmente no se acuerdan.
- Nostalgia. No falta quien en esta época extraña a quien ya no está, por muerte o por ruptura amorosa lo cual es igualmente estresante. Los porqués, lo que no se dijo, lo que se dijo, lo que desearíamos que hubiera ocurrido o no ocurrido. Nunca falta en navidad quien está con su cara de tristeza o amargura cargando con todo lo que pudo haber sido y no fue, ni será.
La introspección obviamente es algo sumamente saludable , pero cuando el análisis se enfoca mayoritariamente en lo negativo los resultados en el estado de ánimo son desastrosos. Te recuerdo que los pensamientos, provocan sentimientos y los sentimientos provocan acciones. Entre más pienses en todo aquello que te entristece, más sentirás nostalgia y dolor.
- Desvelos. Obvio que durante esta época la gente está más desvelada con sus respectivas consecuencias. No dormir mínimo 7 a 8 horas diarias representa mayor irritabilidad y, para colmo, favorece el aumento de peso. La hormona leptina, encargada de reducir el apetito y la ghrelina, encargada de estimular el apetito, están equilibradas cuando dormimos bien.
Recuerda que la vida nos presenta un menú de múltiples opciones en qué enfocarnos y depende de cada uno de nosotros darle un giro positivo o negativo.
Qué diferente sería decir hoy: “Gracias Dios porque nos permites vivir una vez más estos días previos a la Navidad y me propongo hacerla inolvidable para mi y para la gente que tanto quiero”.