“Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca”. Mateo 7, 24-25
Bien se dice por ahí que "las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra". En la actualidad, se percibe un extraño fenómeno tanto en la sociedad como en la religión. Existe una cierta resistencia a creer en las personas que se dedican a la oratoria y a la predicación. Quienes de una o de otra manera se paran frente a un público para dar un mensaje deben hacer algo más que hablar para convencer. Las palabras y las ideas no son suficientes.
Hoy más que nunca se necesita del testimonio, en otras palabras, hay que soportar con la vida lo que brota de nuestros labios. El gran divorcio que existe entre lo que se dice y lo que se hace ha provocado una gran decepción entre las personas que buscan respuestas ante las inquietudes de su vida.
Una enfermedad del corazón que afecta profundamente en las relaciones interpersonales es la hipocresía. Ésta daña el trato entre los individuos, ya que aparentar lo que no se es y mostrar una máscara para esconder la verdad de los sentimientos y pensamientos, destruye poco a poco la amistad, la fraternidad y el trato.
Así como nos repugna la hipocresía, nos sorprende gratamente la congruencia de vida. El Señor Jesús, en distintas ocasiones atacó la actitud de los fariseos porque decían una cosa y hacían otra, aparentaban ser hombres espirituales cuando realmente andaban tras la “lana” de las ovejas, es decir, la gente más débil y vulnerable. Por eso, en repetidas ocasiones Jesús invitó a los apóstoles, y en ellos a cada uno de nosotros, a cuidarse de la levadura de los fariseos, a no contaminarse con esas actitudes falsas, dobles y llenas de falsedad.
Pero, así como Jesús criticó la hipocresía, también alabó la congruencia de vida, tales son los casos de Natanael y de Juan el Bautista. De Natanael afirmó: este es un israelita en el que no hay doblez. Frase sencilla, pero llena de un significado maravilloso. De Juan el Bautista declaró que no hay hombre nacido de mujer más grande que Juan, señalando así el carácter férreo de un hombre que hizo la voluntad de Dios hasta las últimas consecuencias.
En la actualidad vivimos en el mundo de la imaginación, nos regimos más por lo que vemos que por lo que oímos. Son pocos los que leen. A la mayoría les llama más la atención lo visual que lo auditivo: dibujos, imágenes, etc. es lo que atrae y cautiva.
Cuando Jesús afirmó: "En esto conocerán que son mis discípulos en que se aman los unos a los otros" nos estaba enseñando que el amor puesto en práctica es la señal más clara de la manifestación de su presencia. Por lo mismo es mucho más fuerte vivir en el amor que solamente hablar de él.
No es el mundo de las ideas, sino el del testimonio, el que marcará nuestra pertenencia a Jesús. Lo que nos distinguirá como verdaderos discípulos del Maestro no es sólo el cúmulo de conocimientos de las verdades de fe (eso ya lo damos por supuesto), sino nuestra manera de vivir.
Vivir como Él vivió y amar como Él lo hizo, logrará que quien no cree, crea, quien no Lo sigue, lo siga y quien no ame, lo haga y muy posiblemente hasta las últimas consecuencias. Recordemos aquella frase bíblica que dice: "Mírenlos cómo se aman" ya que era la expresión de los paganos que admiraban el comportamiento de los primeros cristianos que llevaban a cabo el mandato del Señor de amarse los unos a los otros.
Para Jesús es más dichoso quien escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica. Por esto mismo si queremos hacer que nuestra fe sea atractiva hay que aterrizar todo aquello que se nos ha revelado y que creemos en una manera ordinaria de vivir. Debemos atrevernos a hacer ordinario lo extraordinario del Evangelio y llevar a la práctica lo que hemos visto, escuchado y admirado.
Hay que construir sobre roca, no sobre arena. Construir sobre roca significa soportar lo que afirmamos convencidos con nuestro comportamiento y el resultado de esto será: QUE EL MUNDO CREA. Difícilmente alguien se resiste al amor y a la verdad traducidas en obras.
Bien se dice por ahí que "las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra". En la actualidad, se percibe un extraño fenómeno tanto en la sociedad como en la religión. Existe una cierta resistencia a creer en las personas que se dedican a la oratoria y a la predicación. Quienes de una o de otra manera se paran frente a un público para dar un mensaje deben hacer algo más que hablar para convencer. Las palabras y las ideas no son suficientes.
Hoy más que nunca se necesita del testimonio, en otras palabras, hay que soportar con la vida lo que brota de nuestros labios. El gran divorcio que existe entre lo que se dice y lo que se hace ha provocado una gran decepción entre las personas que buscan respuestas ante las inquietudes de su vida.
Una enfermedad del corazón que afecta profundamente en las relaciones interpersonales es la hipocresía. Ésta daña el trato entre los individuos, ya que aparentar lo que no se es y mostrar una máscara para esconder la verdad de los sentimientos y pensamientos, destruye poco a poco la amistad, la fraternidad y el trato.
Así como nos repugna la hipocresía, nos sorprende gratamente la congruencia de vida. El Señor Jesús, en distintas ocasiones atacó la actitud de los fariseos porque decían una cosa y hacían otra, aparentaban ser hombres espirituales cuando realmente andaban tras la “lana” de las ovejas, es decir, la gente más débil y vulnerable. Por eso, en repetidas ocasiones Jesús invitó a los apóstoles, y en ellos a cada uno de nosotros, a cuidarse de la levadura de los fariseos, a no contaminarse con esas actitudes falsas, dobles y llenas de falsedad.
Pero, así como Jesús criticó la hipocresía, también alabó la congruencia de vida, tales son los casos de Natanael y de Juan el Bautista. De Natanael afirmó: este es un israelita en el que no hay doblez. Frase sencilla, pero llena de un significado maravilloso. De Juan el Bautista declaró que no hay hombre nacido de mujer más grande que Juan, señalando así el carácter férreo de un hombre que hizo la voluntad de Dios hasta las últimas consecuencias.
En la actualidad vivimos en el mundo de la imaginación, nos regimos más por lo que vemos que por lo que oímos. Son pocos los que leen. A la mayoría les llama más la atención lo visual que lo auditivo: dibujos, imágenes, etc. es lo que atrae y cautiva.
Cuando Jesús afirmó: "En esto conocerán que son mis discípulos en que se aman los unos a los otros" nos estaba enseñando que el amor puesto en práctica es la señal más clara de la manifestación de su presencia. Por lo mismo es mucho más fuerte vivir en el amor que solamente hablar de él.
No es el mundo de las ideas, sino el del testimonio, el que marcará nuestra pertenencia a Jesús. Lo que nos distinguirá como verdaderos discípulos del Maestro no es sólo el cúmulo de conocimientos de las verdades de fe (eso ya lo damos por supuesto), sino nuestra manera de vivir.
Vivir como Él vivió y amar como Él lo hizo, logrará que quien no cree, crea, quien no Lo sigue, lo siga y quien no ame, lo haga y muy posiblemente hasta las últimas consecuencias. Recordemos aquella frase bíblica que dice: "Mírenlos cómo se aman" ya que era la expresión de los paganos que admiraban el comportamiento de los primeros cristianos que llevaban a cabo el mandato del Señor de amarse los unos a los otros.
Para Jesús es más dichoso quien escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica. Por esto mismo si queremos hacer que nuestra fe sea atractiva hay que aterrizar todo aquello que se nos ha revelado y que creemos en una manera ordinaria de vivir. Debemos atrevernos a hacer ordinario lo extraordinario del Evangelio y llevar a la práctica lo que hemos visto, escuchado y admirado.
Hay que construir sobre roca, no sobre arena. Construir sobre roca significa soportar lo que afirmamos convencidos con nuestro comportamiento y el resultado de esto será: QUE EL MUNDO CREA. Difícilmente alguien se resiste al amor y a la verdad traducidas en obras.